Mito del agua de vida

Durante los primeros años de la década de los noventa, una noticia en México ocupó todos diarios y televisoras, comentando que en la comunidad de Tlacote, Queretaro, Jesus Chaín, perforó un pozo de agua para darle de beber a sus animales.
Tenía una vaca enferma y  un perro sarnoso y para su gran sorpresa, ambos se aliviaron al tomar y bañar con agua del pozo.
La gente de la comunidad comenzó a llegar al pozo para solicitar de aquella agua milagrosa, que Jesús Chaín, les repartía con generosidad. Se dice e que un hombre desahuciado que padecía de cáncer, quedó libre de la enfermedad al beber el agua, según estudios  del medico de la localidad. Y así poco apoco   se fueron sumando los testimonios hasta que se creó un escándalo.
Comenzó a llegar tanta gente que las calles se llenaron de carros y autobuses, y aquellos visitantes requerían de alimentos y muchos servicios, así que los lugareños que vivían como campesinos y muchas privaciones siempre esperando un buen temporal, se dedicaron al comercio improvisado vendiendo de todo: café con pan, menudo, pozole, tamales, refrescos…..
Al Tlacote acudieron pobres mezclados con gente de buen vestir. Carros destartalados y lujosos automóviles, visitantes de Estados Unidos,Alemania, Japón, España y Argentina, incluso grandes personajes.
De 1990 a 1993, la población llegó a ser visitada diariamente hasta por cuatro mil personas esperando escapar de la muerte, que hacía largas linea en el camino para poder conseguir un bidón de agua.
A finales de 1993, el asunto del agua curativa de Tlacote comenzó su declive, y el señor  Chaín  terminó vendiendo el rancho con el pozo milagroso .
Irónicamente, a pesar de haber bebido todo el agua que quiso, el señor Jesús Chaín murió de cáncer.
Así que sí lo del agua de Tlacote no fue obra de Dios, desde luego que era obra de Jesús….de Jesús Chaín.

Mito de color

Desde que somos pequeños nos enseñan que el agua es incolora, inodora e insípida. Pero si sólo tenemos en cuenta el primer término (incolora), cuando contemplamos un lago o paseamos por la orilla de un río, vemos masas de agua con diferentes coloraciones, a veces, es verdosa, otras azulada, mucho azul oscuro… Según esté el cielo, según la hora del día, según la cantidad de suciedad que lleve disuelta, según esté limpio o sucio el fondo del río… el agua adquiere unas tonalidades u otras.
El agua absorbe todos los colores, pero algunos más que otros. Esto se aprecia solamente en grandes volúmenes. La prueba de ello es tan simple como tomar una taza con agua de mar, la veremos transparente. Si arrojamos dicha agua nuevamente al mar se fundirá con el resto de incontables moléculas de H2O y se tornará (a nuestros ojos) de nuevo el color azul. Sabemos que la luz blanca que nos llega del Sol, que son ondas electromagnéticas, está compuesta por casi todas las frecuencias del espectro visible, es decir, contiene todos los colores del arco iris, desde el violeta hasta el rojo, pasando por el azul, verde, amarillo y naranja. Cuando la luz blanca incide sobre un objeto, éste normalmente absorbe sólo un conjunto determinado de colores (o lo que es lo mismo, de frecuencias). El resto, los colores que no absorbe, los transmite, refleja o dispersa. El color del agua se debe a la absorción selectiva de la luz. Y si, en parte se debe a ese efecto visual, pero, sobre todo, a que el agua en grandes volúmenes revela su color azul.
El agua no absorbe bien el color azul, esta luz se mueven sus ondas físicas a través del agua (el medio) y es por ello que la vemos de este color, porque no se absorbe, se difunde. Este mismo principio se aplica al cielo. A más profundidad más pronunciado es el azul. Este color puede ser observado también en la nieve y en los glaciares. Si han tenido la oportunidad de visitar los casquetes polares, donde los grandes bloques de hielo, que es agua más pura, pues al congelarse a tan bajas temperatura se separan la sal y otras impurezas y compuestos que pueda contener, son de color azul